Por: Bobby.
Xavier Zubiri, al haber ejercido la cátedra de historia de la filosofía en la Univesidad de la Complutense en Madrid, se percata que la manera de realizar filosofía a través de los siglos obedece a varias directrices. Tomando prestado una noción heideggeriana, comienza a enmarcar la historia de la filosofía desde diferentes horizontes. Hay tres grandes horizontes según el filósofo guizcopano: (1) El horizonte de la movilidad, (2) el horizonte de la nihilidad, y (3) el horizonte de la intramundandanidad. Los dos primeros horizontes se inscriben dentro de lo que él llama la inteligencia concipiente. Esta es aquella noción de inteligencia que limita la inteligencia a ser la creadora de conceptos. Es decir, de enjuiciar: de establecer juicios apodícticos y verdaderos sobre lo que es. Desde los griegos, con «el ser es lo que es, y no es lo que no es» de Parménides (todo era inscrito en un horizonte del movimiento de lo natural: el ser humano es un ente natural como cualquier otro, por ello tiene un fin para Aristóteles), hasta Kant, con su sus juicios sintéticos a priori y a posteriori, Hegel, con su proposición especulativa que inscribe lo particular en el todo... En estos dos horizontes, la inteligencia estaba delimitada al campo de lo concipiente y judicativo. Y ¿por qué era esto? A juicio de Zubiri, el problema radicaba en su manera de concebir la relación entre el sentir y el inteligir. El sentir se limitaba a ser un simple sensibilismo. (Es decir, lo que se siente arroja información desordenada de lo que verdaderamente son las cosas.) Y era labor de la inteligencia ordenar aquellos datos confusos y descubrir verdadero ser de las cosas. Descubrir su forma a través del pensamiento racional/matemático (como Platón), o construir cientfícamente su forma a través de juicios sintéticos a posteriori (como Kant). Pero, el problema de la realidad verdadera siempre quedaba relegado a una construcción de la inteligencia como acto separado del sentir. Para Zubiri allí yace el problema. Para ello propone la inteligencia sentiente. Es decir, deja de concebir a la inteligencia y al sentir como dos actos diferenciados. Más bien, los concibe como un mismo acto con dos momentos distintos. La inteligencia sentiente aprehende realidad. Y, más aún, la inteligencia y la realidad son congéneres. No se da la una sin la otra, más bien uno se haya inmerso ya en la realidad aprehendiéndola desde la inteligencia sentiente. La verdad, que siempre es intelectiva, no comenzaría desde el juicio. Sino vendría dándose desde la aprehensión de realidad en la inteligencia sentiente. La verdad se convertiría entonces en la “realidad misma actualizada en la inteligencia”. Esto es: la verdad real. Es la verdad real el fundamento de toda verdad del juicio. A partir y desde la inteligencia sentiente se puede hablar del horizonte de la intramundanidad. Es en este horizonte desde donde se reconcibe la relación consitutiva del humano con la realidad en su aprehensión. Donde el cuerpo del hombre es una realidad que siente y se ve afectada físicamente por otras realidades, más allá de un determinado contenido que pueda esperar tal o cual cosa.
Xavier Zubiri piensa que, a lo largo de toda su historia, la filosofía ha dado mucha atención a los actos propios de la intelección (concebir, juzgar, etc.), pero muy poca atención a la unión entre la inteligencia y el sentir. Esto es un grave error dado que se ha aislado la inteligencia del sentir. Así diría Zubiri que la filosofía occidental, de una manera un tanto resumida, vendría pensando que hay dos actos consecuentes en la intelección humana del mundo (sentir y luego inteligir), y que estos actos son opuestos uno del otro. Una “ingente vaguedad”, protesta el filósofo español, dado que en su punto de vista aún no se ha dicho en lo que consiste formalmente el sentir, y sobre ello, en qué consiste el inteligir, y no se sostienen las afirmaciones a favor de un idealismo subjetivista o un realismo ingenuo objetivista. Para resolver esta problemática, propone que no hay una oposición entre dos actos, sino un solo acto de aprehensión con dos momentos: la inteligencia sentiente. Ahora, conforme a la nueva teoría de Zubiri, el sentir sería aprehender lo real en impresión y el inteligir consistiría en aprehender lo real como real. Habría entonces una especie de continuo corporal en el proceso de inteligir la realidad. Por lo tanto, según Zubiri, “real” se refiere a aquello “en propio” o “de suyo” en la aprehensión. (Aquí es crucial tener claro que “real” o “realidad” no se refiere a una zona de cosas afuera de la aprehensión, sino a aquella cosa misma en la aprehensión. Zubiri no pretende hablar desde fuera del idealismo kantiano. Es decir, acepta que no se puede hablar precisamente desde el noúmeno, lo que la cosa en sí es. No obstante, se puede hablar desde el fenómeno y lo que el fenómeno es en la aprehensión sentiente y lo que ello deja en nuestra aprehensión. Para que la razón construya esbozos de la realidad y que experiencialmente pueda ponerse a prueba.) La aprehensión de lo de suyo tiene dos momentos, uno aprehensivo (lo noético si así se quiere decir) y lo que se impone en la aphrensión, la realidad (lo noemático). Debido a esto, se comprende porque la inteligencia y la realidad son congéneres. Hay una unidad originaria entre la realidad y el saber. La realidad es una formalidad que queda en la aprehensión: la realidad está quedando en la aprehensión. Así, resulta que el saber se da desde la realidad, y no puede haber momento en el cual no hay impresión de realidad. A la unidad dinámica del saber sobre la realidad que está en la aprehensión Zubiri la llamada actualidad. La actualidad de un niño no es la actualidad de un adulto, ni la actualidad de un mexicano es la actualidad de un chino. La actualidad se refiere a la realidad que está quedando en la aprehensión. Lo primario de la actualidad es un estar. A la unidad de conciencia de la noema y lo noético propia de la fenomenología, Zubiri le agrega otra categoría. La noergia. La noergia es la unidad física (porque Zubiri piensa que ya, para estos tiempos, es completamente ilusorio y un tanto inmaduro, continuar pretendiendo que los avances de las ciencias descriptivas no están sucediendo y continuar afirmando que las cosas no son físicas). De esto se desembocan dos conclusiones grandes. La realidad es primeramente una formalidad que queda como un contenido. El contenido se refiere a todo lo construido, sea o no volitivamente, desde una determinada realidad (así lo cultural, el comportamiento, la teoría, las valoraciones, etc.), mientras que la formalidad es propiamente lo de suyo en la aprehensión sentientemente intelectiva. La realidad por lo tanto tiene dos momentos, la formalidad y el contenido que se construye en ella misma. Zubiri en toda su filosofía intenta desentreñar esta estructura que encuentra en la aprehensión humana. La inteligencia sentiente actualiza la realidad en todo momento como aprehensión primordial, y sobre ella, en la misma aprehensión, re-actualiza esta realidad, pero ahora reducidas a irrealidades en el logos (entre otras realidades) y razón (en el mundo). La aprehensión primordial se refiere a la aprehensión del de suyo (formalidad de realidad), mientras que el logos y la razón construyen los contenidos de realidad de cada humano en su situación individual, social e histórica. 2. Las estructuras aprehensivas del animal de realidades Además, resulta que la estructura real del humano puede ser descrito. El humano, evidentemente, se muestra como un animal. Pero, por una caracteristíca diferenciada de los demás animales, parece ser libre y poder hablar de las cosas reales. ¿A qué se debe esto? Zubiri piensa que en el animal humano, el estímulo que determina una respuesta en cualquier otro animal (esto es una super sobre simplificación que se va tratar posteriormente) en este primero el estímulo (o ciertos estimulos) no determina una respuesta. Hay libertad de elección. A este distanciamiento de la coacción de una respuesta determinada, Zubiri le llama aprehensión de realidad. Esto es, la complejización de la estructura de la realidad humana que le permite poder aprehender ciertos estímulos como algo que es de suyo. Que es en propio. Este darse cuenta de desencadena todo un proceso complejo en el interior del humano. Resulta que las estructuras animales, en el humano se complejizan aún más por esta capacidad del darse cuenta de. El cerebro humano resultaría ser entonces un organo de híperfomalización. El cerebro, en su aprehensión del estímulo, lo procesa tan eficientemente que pueda darse cuenta que es algo propio y que, internamente, puede elegir una respuesta determinada. (Recuerdese la complejidad de las neuronas que hasta hay una dedicada a Jeniffer Anniston.) Sin embargo, esto no termina de hablar de las estructuras reales del animal humano. Eminentemente el humano es un realidad compleja que se construye desde cimientos básicos. Toda realidad viva, comienza Zubiri, es ante todo una realidad autoposesiva. Piensa Zubiri que toda realidad viva, por el hecho de ser independientes de su medio, es una estructura física, química y biológica que logra tener acciones referidas hacia sí misma. Esto se puede ver desde los tardígrados, hasta las ballenas y los humanos. Sin embargo, resulta que cada estrato de realidad viva tiene una peculiaridad. Zubiri habla de los vegetales, los animales y el humano. Los vegetales tiene una acción referida a sí misma y el decurso de su vida vegetal consiste en alimentarse para continuar viviendo. El animal, a diferencia de estos, tiene en sí esta capacidad de alimentarse, pero además tiene la capacidad de sentir el medio en el cual está situado. Es más indepediente y autónomo. Es una estructura bastante más compleja. Sin embargo, nadie le gana al humano. El humano es una estructura real que integra en sí las capacidades de otras realidades vivas, pero tiene una capacidad diferenciada de estas ultimas. Tiene un distanciamiento en el estímulo que le posibilita escoger una respuesta determinada. Nadie puede negar que, en todo momento, nosotros los humanos somos libres. Cuan ínfima sea esta libertad, pero hay libertad. De esto resulta que lo para el animal es una estructura procesual de suscitación, modificación tónica y respuesta (piensese en los perros de Pavlov, estos perros eran sucsitados por un estímulo, la campana, su cuerpo tenía una modificación tónica, y como respuesta empezaban a salivar). Para el humano estas estructuras se complejizan con su capacidad de inteligencia. Lo que para el perro era una mera suscitación que desencadenaba una modificación tónica y una respuesta, para el humano es lo mismo pero ahora, esta estructura se reviste por la captación del de suyo. La suscitación formalmente es una inteligencia sentiente, la modificación tónica es un sentimiento afectante y la respuesta es una voluntad tendente. Esto implica muchas cosas. Para Zubiri, lo eminente es el darse cuenta de. Eso lo tenemos bien en claro. Pero ahora, podemos complejizar sabiendo que dentro del humano hay otras estructuras que determinan su accionar. Desde el darse cuenta de, hay todo un efecto en el cuerpo. Se desencadenan diversos procesos internos que son determinados por la aprehensión de este de suyo. Resulta que hay una actualización primaria, el darse cuenta de algo, que, recursivamente, trabaja desde dentro de sí mismo, para determinar una respuesta. En este proceso interno, le da contenido a una determinada formalidad. Esto es, ante una realidad en la aprehensión y la memoria que queda de esta, el humano trabaja con lo que queda de esta aprehensión que siempre da para más. El contenido es intectivo, se trabaja con la reactualización del logos y la razón. Pero también es sentimental, estima el valor de una realidad que la haya afectado; como volitivo, realiza una determinada valoración. De lo que resulta que el animal de realidades tiene una estructura que le capacita un inteleccionismo de lo aprehendido. Es decir, un darse cuenta que desencadena una actividad interna compleja que se refiere tanto al intelecto, como al sentimiento y la voluntad. 3. Realidad y ser Como último punto, queda intentar aclarar la diferencia entre realidad y ser. Tema de última importancia para el humano actual. Es la situación del origen del sentido. Resulta que realidad se refiere primariamente a la formalidad en la aprehensión. El contenido de esta realidad muestra esta realidad siendo en la aprehensión. Es solo desde la realidad que se muestra, que el humano puede hablar de esta realidad siendo. El ser descansa sobre la realidad. El ser es construcción propia del logos y la razón. Es una construcción que se refiere al problema que Heidegger encuentra en la filosofía antecedente a él. Al problema de la onto-teo-logía. En que toda cosa individual o concreta no puede comprenderse sin referencia al todo, y que, dado el carácter contingente del conocimiento de esta cosa concreta, no se puede conocer el todo tampoco. Es lo que llevaba a Heidegger a hablar del Ser como vacío o nada. Para Zubiri esto no era aceptable. Piensa que el error de Heidegger se hallaba en no saber encontrar el lugar del sentir en la estructura hermenéutica del logos y la razón. Es en lo sentido desde donde se impone esta alteridad que, en la inteligencia sentiente, se comprende íntegramente como realidad.
No se puede negar que la obra zubiriana está plagada de un lenguaje que es, a toda justa medida, complicado de comprender. A ojos de Zubiri, le pareció necesario crear nuevas palabras para darle sentido y sistematicidad a las ideas que expone, otorgarle contenido nuevo a otras que ya existían y depurar muchas palabras de uso común dentro del vocabulario filosófico para sustituirlas por otras. Esto hace de sus lecturas algo arduo y complicado que puede ocasionar mal interpretaciones si no se decide leer por completo muchas de sus grandes obras (por ejemplo, y ante todo Inteligencia Sentiente). Ante esto el lector de Zubiri se queda con dos opciones o no leerlo, o leer a algún interprete suyo para aproximarse a una comprensión suya. Parece crucial, junto a lo que afirma Diego Gracia, leer la obra de Zubiri desde la publicación de su tríptico sobre la inteligencia. Todo lo anterior se matiza desde esta última interpretación que ofrece de los hechos de realidad. Sin embargo, ¿qué se puede criticar y qué se puede rescatar más allá de estas críticas superficiales sobre la forma de exposición de sus ideas? Ante todo, la más fuerte crítica que se le puede hacer a Xavier Zubiri es sobre si su pensamiento logra ser o no realista[1]. Ya que muchos pensadores han opinado que, debido a ciertas nociones suyas, como la actualidad, da el peligro de caer en una interpretación idealista de la realidad. Algunos autores, como Diego Gracia, Juan Antonio Nicolás y hasta José Antonio Marina sitúan la fuerza del pensamiento de Zubiri en su hallazgo del de suyo, y en su descripción de los hechos de intelección. Esta es la gran diferencia entre su libro Sobre la esencia, donde se le criticaba a Zubiri de ser un neoescolástico por entablar un dialogo con Tomás de Aquino y otros autores premodernos con la ciencia, e Inteligencia sentiente. En este último ofrece un nuevo momento de análisis en sus hechos de intelección sentiente. Afirma que hay una aprehensión primordial que capta lo de suyo. Algo muy diferente de todo tipo de idealismo. La realidad, lo de suyo, no es un conjunto de cosas que uno piensa. No son los contenidos de los pensamientos de uno. Más bien, de acuerdo a Nicolás (2021), la realidad es “el término formal de la inteligencia”. Dada esta precisión, se comprende que Zubiri meramente intenta realizar un análisis de aquel término formal que se presenta como de suyo. Esta es la distinción entre formalidad y contenido. Esto de suyo se presenta, y los humanos intentan dar una explicación creativa del mismo a través de la razón y el logos. Y cada persona (situada en un cuerpo determinado, con un entorno social y momento histórico preciso) tiene un diverso contenido que le da aquello de suyo. Este contenido va marchando a través del uso de la razón, el diálogo y las experiencias para realizar un mejor esbozo de lo que es esto de suyo. Para José Antonio Marina, la descripción de Zubiri es “muy sugestivo”, y afirma que él mismo, aunque no se considera zubiriano[2], ha construido mucho de su pensamiento en torno al análisis de la inteligencia desde este autor. Piensa que, en cuanto la realización de un análisis fenomenológico (pensando desde Husserl), la novedad del de suyo zubiriano y la descripción genealógica del dinamismo del acto intelectivo que es una “valiosa descripción del modo como la realidad se constituye en la conciencia” (párrafo 16, 2004). No obstante, sí crítica el hecho de que se realice una oposición tan tajante (y quizá un tanto simplista) entre el régimen del estímulo y el régimen de la inteligencia. Afirma que este análisis reduccionista de la forma de realidad de los animales, al tener un proceso estimúlico casi mecanicista que se contrasta con la inteligencia humana que otorga libertad, no se compagina con los avances actuales de la ciencia animal (Hace referencia del caso de los chimpancés Washoe y Sara que, al ser sometidos a un entrenamiento lingüístico, muestran una gran capacidad de conceptualización. Esto es debido a que pueden utilizar un mismo concepto que se les ha sido enseñado para realizar una tarea determinada —se les enseña el concepto de “abrir” en lenguaje de señas mientras se abre una puerta— y, posteriormente, en un aparente acto abstracto, utilizan este mismo concepto para otras actividades similares, pero físicamente muy distintas: abrir un cajon, abrir una botella de jugo para beber, abrir un grifo, etc.). Para Marina, la novedad final del pensamiento zubiriano es precisamente aquella que se situa desde su análisis que abre en El hombre y Dios. En este libro, como ya se ha ido insinuando, se propone hablar de la realidad que se apodera de la realidad humana. Donde esta realidad de suyo se muestra como: nuda realidad, forzosidad y podersodidad (p. 27). Piensa Marina que justo aquí es donde logra el pensamiento zubiriano embonar con los análisis ultimos de la neurociencia y presentar la senda más actual para hablar de la inteligencia. Zubiri muestra que la razón, continua Marina, no está predeterminada por las cosas. La razón de Zubiri es limitada, ya no es la misma razón de antes que puede manejar conceptos precisos como quisiera la lógica formal, más bien es una razón que “tiene que inventar las premisas”. Justo Zubiri te afirma en su libro de Inteligencia y Razón (1983): La razón busca lo que podría ser. El pensar siempre piensa en lo real, pero piensa solo en las posibilidades de lo real. Se trata tan solo del orden de la intelección. No se trata de como la posibilidad esté posibilitando la realidad en y por sí misma, sino de como la intelección de las posibilidades está determinando la intelección de lo real en profundidad. (p. 144) Para Zubiri, la razón, como reactualización (la construcción libre de contenido) de la actualización primaria y primordial del de suyo (la mera formalidad) que se muestra como fundamento permite actualizar como se le muestra a tal persona la realidad del mundo si no las posibilidades del mismo. El logos construye lo que sería, la razón construye lo que podría ser. Estas posibilidades construyen un proyecto al cual se le entrega el control de la conducta de uno. Porque para Zubiri la inteligencia no solamente es sentiente, si no también volente: “No porque la inteligencia dirija los impulsos, sino porque la manera de percibir los impulsos, los estímulos, ya está configurada, formalizada por la inteligencia.” (párrafo 33). La intelección no solo aprehende realidad, si no la construye libremente y por eso, según Zubiri, se puede ser libre en realidad. [1] Esto invita a aclarar que para Zubiri realidad no es una zona allende a la aprehensión, sino es lo dado en la aprehensión misma. Por ello Zubiri sí ofreció otro término que permite no pensar que su filosofía es un realismo como muchos anteriores: el reísmo. [2] “No fui discipulo de Zubiri. (…) Aunque no soy zubiriano, aunque creo que muchas de sus tesis no están suficientemente fundamentadas, al estudiar la fuerza creadora de la inteligencia reconozco que camino a través de una senda abierta por Zubiri.” (Marina, 2004)
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