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FILOSOFÍA

Reflexionar sobre filosofía es invariablemente el camino a la reflexión sobre nuestras vidas.

Galileo entre el mito y la historia: una lectura a partir de Mariano Artigas

6/9/2026

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Por: Hugo Toro
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Introducción
Pocas figuras de la historia de la ciencia han alcanzado una dimensión simbólica tan poderosa como Galileo Galilei. Su proceso ante la Iglesia Católica suele presentarse como el ejemplo paradigmático del conflicto entre ciencia y religión, una especie de batalla fundacional entre la razón y el dogma. Sin embargo, la lectura de Mariano Artigas y William R. Shea en El caso Galileo: mito y realidad invita a reconsiderar esta interpretación y a preguntarnos si aquello que comúnmente creemos saber sobre Galileo corresponde realmente a los hechos históricos o si, por el contrario, responde a una construcción narrativa posterior.
A partir de esta lectura, me interesa reflexionar sobre dos cuestiones: la naturaleza del conflicto entre ciencia y religión en el caso Galileo y el proceso mediante el cual dicho episodio terminó convirtiéndose en un mito moderno.

¿Debieron la ciencia y la fe entrar en conflicto?
De cierta manera, la naturaleza de ambas disciplinas las vuelve ajenas en método, enfoque y fin. La tesis que se nos presenta es más bien de juicio: “no debieron”, y la justificación participa de la naturaleza de cada una.
Es decir, la ciencia y la religión, al conocer el mundo de manera distinta y enfocarse en procesos y modelos radicalmente diferentes, no tendrían por qué entrar en conflicto, del mismo modo que un astrólogo no se conflictúa con los astrónomos pues reconoce que, aun teniendo un mismo objeto de estudio, que no es el caso en nuestra premisa, sus enfoques no van a colindar entre ellos.
En todo caso, la explicación de su entrada en conflicto parece participar mayoritariamente de la intervención humana y de las vicisitudes de esa intervención, muchas veces abigarrada por una de las pasiones más oprobiosas: la pasión de la ignorancia. Como alguna vez me comentó el gran Néstor Braunstein: “Nunca la ignorancia es virtud aunque suele ser una pasión de los humanos”.
Estas dos disciplinas por sí mismas no tendrían por qué entrar en conflicto pues, como se afirma, sus naturalezas son distintas y no interfieren una a la otra en sus desarrollos; en todo caso, bien podrían eventualmente nutrirse de alguna forma.
Han sido los apasionamientos humanos los que las han instrumentalizado para incentivar luchas perentorias que terminan en dramáticos y lastimosos escenarios como el del juicio a Galileo, no siendo las disciplinas por sí mismas las causantes de dichas escenas, sino aquellos a los que ya me he referido. Como hemos visto a partir de la lectura de Artigas y Shea (2009), muchas de las personas que participaron en el proceso lo hicieron a partir de ciertas intenciones o maniobras de tintes políticos y no tanto teológicas o catequéticas. En otras ocasiones la participación tuvo más bien la cautela eclesiástica en relación a teorías no confirmadas, en este caso el copernicanismo, cuando Galileo expuso sus demostraciones sobre las lunas de Júpiter, entre otras cosas, el papa mismo ratificó y participó de observaciones utilizando los instrumentos de Galileo. Actitud distinta respecto al copernicanismo pues en ese momento era "imposible demostrar de modo concluyente el copernicanismo. Además, Galileo pretendía demostrar el heliocentrismo usando una prueba que realmente no vale, basada en las mareas. Esto es importante para valorar la actuación de las autoridades de la Iglesia. La cosa cambia completamente si esto no se tiene en cuenta: las autoridades de la Iglesia aparecen como si no quisieran admitir una teoría que estaba ya establecida y demostrada, lo cual no es cierto en modo alguno." (Artigas y Shea, 2009, p. 33)
Si bien el copernicanismo fue la teoría que predominó al fin, al menos en términos del heliocentrismo que proponía, no por ello las acusaciones de Galileo fueron esgrimidas en función de una autoridad reacia a reconocer un valor científico de naturaleza ya probada o comprobada. Sin embargo, no deja de ser notable el hecho de que el libro de Galileo fuera incluído en el Index de libros prohibidos en 1616, por considerarse "contrario a las Sagradas Escrituras", que no es lo mismo que ser herejía, pero que sí que resalta la actitud de censura que ejercía la Iglesia en ciertos ámbitos y respecto a la defensa de su autoridad en la interpretación del mundo, defensa que tenía además tintes de desesperada ratificación de la autoridad papal frente a los embates del calvinismo y luteranismo que en la época barroca dieron pie a una serie de persecuciones y "cuidados" que terminaron convirtiéndose en el mito moderno de la Iglesia persecutoria. 

El nacimiento de un mito moderno
Parte del “mito Galileo” se construye a partir de un arco narrativo básico empleado desde tiempos ancestrales: el héroe que, sometido a las fuerzas del mal, debe padecer, vencer o ser vencido en su lucha por la justicia. La historia del proceso de Galileo posee el arco narrativo típico de cualquier narración épica. Los invito a intercambiar términos: Galileo vs. la Inquisición, Luke Skywalker vs. Darth Vader, Giordano Bruno vs. la Iglesia, María Antonieta vs. los revolucionarios. Son combinaciones típicas que encienden nuestras ilusiones y proyecciones más diversas. Nos sentimos tentados a ponernos de un lado o de otro de las narraciones y a configurarlas a partir de un principio narrativo básico: el bien contra el mal, sin considerar lecturas mucho más complejizantes, en las que el contexto, los participantes y las circunstancias sean leídos con los vértices de comprensión adecuados al caso.
Por otro lado, el carácter afamado de su protagonista, así como la mala fama de la Iglesia y de la Inquisición a los ojos de muchos historiadores modernos del siglo XIX, constituyeron el combustible perfecto para construir una narrativa que buscaba acentuar cierto tipo de comprensión del hombre, de la ciencia y del lugar de la Iglesia en el mundo. Precisamente en este ámbito se encuentran White y Draper, ambos estadounidenses dieron a la historia del caso Galileo ese semblante que ha permanecido hasta nuestros días como ese antiguo David de la ciencia que pelea contra el Goliat absoluto y radical de la Iglesia intolerante. 
Con el auge del positivismo, de la Revolución Industrial y de una concepción progresista de la historia, muchos historiadores del siglo XIX participaron de una tendencia que buscaba desconocer todo aquello que tuviera aroma antimaterialista o metafísico. El caso Galileo se volvía así el principal modelo del mito.
Aunque, cierto es y hay que reconocerlo, la ciencia positiva en sí misma nunca ha sido tan aséptica como se piensa, también está sometida a los mismos arrebatamientos humanos que pretende estudiar: basta mirar la secuencia de descubrimientos del siglo XX, entre los que se encuentran los agujeros negros, derivados demostrados de la Teoría general de la relatividad de Einstein, fueron rechazados incluso por éste y le valieron a sus descubridores no menos burlas y persecuciones que a otros científicos de épocas distantes como Galileo, desde luego, sin el riesgo de la hoguera, pero con el mismo tipo de exilio y desestima.

Coincidencias y reservas respecto a Artigas
Si coincido con las tesis de Artigas, debo empezar citando al gran Horacio: “[…] los necios, por escapar de los vicios, corren hacia los vicios contrarios.” (2019, §§ 23-25).
Voy con cuidado.
Artigas despliega una lectura histórica mucho más compleja que la común y corriente, esa que constituye precisamente “el mito”. Pero también es cierto que lo hace no sin sus propios prejuicios. Prueba de ello es que antes de citar a Draper para hacer su crítica y propuesta de lectura, cita a un crítico de Draper (Artigas y Shea, 2009, p. 24). La primera cita que tenemos es de un crítico y no del mismo autor que va a ser criticado.
Sin embargo, a pesar de que en varios momentos Artigas parece participar del mismo apasionamiento que critica en los historiadores a los que contradice, no por ello lo que desarrolla deja de poseer validez. De hecho, su lectura sobre el caso, aludiendo en primer término a la demostración del heliocentrismo (2009, p. 33), que no constituía una comprobación absoluta y seguía siendo discutible en aquel momento, es una de las tesis más brillantes del libro. Esta perspectiva permite comprender mejor la actitud cautelosa de la Iglesia frente a los avances científicos.
El desplazamiento interpretativo que propone Artigas, no se juzgó a Galileo por el heliocentrismo, sino por afirmarlo como verdad absoluta sin las pruebas necesarias,  me parece especialmente valioso para enriquecer la comprensión del caso.
Pero al mismo tiempo, por ejemplo, en el análisis del Diálogo (2009, p. 52), resulta claro que existía animadversión entre ambas partes, cuestión que Artigas parece desestimar convenientemente. Si bien Galileo acepta el argumento del papa, lo hace de manera poco elegante y con ironía a través de la voz de Simplicio, de modo que esa relación puramente armónica que a veces parece sugerir Artigas tampoco fue exactamente así.
Prueba de ello, a mi juicio, es cuando afirma que Galileo fue amenazado con tortura “pero no demasiado en serio” (2009, p. 49). No estoy seguro de que en aquella época alguien pudiera tomarse muy a la ligera una amenaza semejante, aunque esa discusión daría para un trabajo mucho más amplio.
Buscando más sobre este autor, encontré que escribió Galileo en Roma: crónica de 500 días, obra en la que el trabajo histórico y la perspectiva aparecen menos tendenciosos, particularmente cuando aborda la censura eclesiástica y el clima intelectual del momento (Artigas y Shea, 2003, p. 140).

Conclusión
En términos generales, considero que la tesis de Artigas acierta en aquello que constituye el núcleo duro del caso Galileo: las razones contextuales que llevaron al juicio exceden claramente la simplificación de una lucha entre ciencia y religión. La historia real resulta mucho más compleja y obliga a considerar factores políticos, personales, institucionales e intelectuales que suelen desaparecer en las versiones más populares del episodio.
Sin embargo, reconocer la existencia de un mito no implica sustituirlo por otro. La crítica historiográfica debe evitar tanto la caricatura anticlerical del siglo XIX como la tentación de minimizar aspectos problemáticos del proceso. Quizá el mayor mérito de Artigas sea recordarnos precisamente esto: que la historia rara vez se ajusta a esquemas simples de héroes y villanos.
El caso Galileo sigue fascinándonos porque pone en escena algunas de las preguntas fundamentales de la cultura occidental: la relación entre conocimiento y autoridad, entre tradición e innovación, entre verdad y poder. Tal vez por ello continúa siendo un tema vigente cuatro siglos después, no como prueba definitiva de una guerra entre ciencia y religión, sino como un ejemplo privilegiado de la complejidad de la experiencia humana.


Referencias
Artigas, M. y Shea, W. R. (2003). Galileo en Roma: crónica de 500 días. Ediciones Encuentro.
Artigas, M. y Shea, W. R. (2009). El caso Galileo: mito y realidad. Ediciones Encuentro.
Horacio (2019). Sátiras. Epístolas. Arte poética. Editorial Gredos. 


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