POR: V. H. TORO Pintura: "La locura personificada" de Hieronymus Bosch Debo aclarar desde un inicio que este trabajo no pretende ser una revisión extensa y profunda de este tipo de trastornos, sino más bien, acorde a la naturaleza de este blog una breve síntesis de estos trastornos, las hipótesis generales sobre su etiología y el tipo de transferencia que presentan; siendo así solo un referente generalizado y no, insisto, una revisión a profundidad. La aparición de cuadros clínicos con sintomatología y fenómenos parecidos, ubicados en un plano que pudiera catalogarse (llanamente) entre la psicosis y la neurosis llevó a la consideración de que nos estábamos enfrentando a un cuadro identificable plenamente y con un cuerpo sintomatológico y psicodinámico propio, es decir, frente a un cuadro diagnóstico específico que se denominó como “Trastornos fronterizos”, aunque el término de “fronterizos” jamás ha sido bien elucidado en sus implicaciones y no suele reconocerse del todo si se refiere a la posición entre neurosis y psicosis (¿se encuentra en la frontera de psicosis a neurosis o se encuentra a la inversa?) o si se refiere a la frontericidad entre el principio de realidad y los contenidos del psiquismo posiciones que, aunque parecieran equivalentes no son lo mismo. No detendré mi argumentación en este punto, pues lo relevante no es una contemplación del cuadro clínico en un debate a todas luces válido (recordemos que para algunos lacanianos, quizá la mayoría, no existe tal cuadro clínico), nos enfocaremos a dar algunas aclaraciones sobre el desarrollo, génesis de este tipo de trastornos más graves a la luz de ideas de diversos autores. Ahora bien, los trastornos graves de la personalidad de tipo fronterizo han suscitado dos posturas fundamentales en relación a la etiología de los mismos, podríamos clasificar de manera somera ambas posturas en las que se denominan “ambientalistas” y su contraparte las posturas “constitucionales”. Aunque el lector debe conocer ya las implicaciones de ambas posturas me detendré brevemente en clarificar a lo que se refieren. Por un lado, las posiciones ambientalistas, suponen que el origen de los trastornos graves de la personalidad se encuentra en factores externos al sujeto, quiero decir, las relaciones objetales primarias (la madre) y las personas reales de esas relaciones objetales que no habrían aportado las condiciones apropiadas o “suficientes”, tanto en cuidado efectivo como en cuidado afectivo, para el desarrollo óptimo del niño (en términos psíquicos diríamos para el desarrollo óptimo del Yo del niño). Contrapuesto a este punto de vista se encuentran los constitucionalistas, para quienes el origen de los trastornos graves de la personalidad se encuentra en una agresión libidinal innata en el sujeto, agresión que se refiere fundamentalmente a los estadios pregenitales del desarrollo, específicamente, el anal y el oral, agresión exagerada e intensa en comparación a otros sujetos; lo que traería por consecuencia fantasías sádicas y relaciones de objeto perturbadas que fomentan la formación de mecanismos de defensa igualmente primitivos (orales, anales y uretrales) y por tanto conductas y modos de expresión de los afectos de un modo igualmente primitivo. En cualquiera de los dos esquemas el resultado último será una carencia en el Yo, en el sentido de una imposibilidad para simbolizar e integrar; el Yo por lo tanto se encuentra fragmentado, no solo desintegrado en las cualidades de sus objetos internos sino también en su propia estructura. Comoquiera que sea el caso el Yo no se encuentra construido adecuadamente y no ha podido introyectar objetos buenos, ya sea porque las personas reales de esos objetos, los padres, no han proporcionado las condiciones suficientes para ello (ambientalismo) ya sea porque el niño posee una agresividad intensa y exacerbada que le impide la formación de las relaciones de objeto por las perturbaciones en la percepción de éstos que produce dicha agresividad (constitucionalismo). Al final convendría argumentar una postura en el justo medio aristotélico que contemplase ambas posturas en su justa medida. Sin embargo, conviene a esto hacer un breve resumen de algunos autores constitucionalistas y de otros ambientalistas. Del lado de los ambientalistas encontramos a Balint, Winnicott y Kohut. Para el primero (Balint) existiría algo denominado falta básica que se involucraría con un fenómeno y organización psíquica distinto del edípico y como resultado de un vínculo con la madre deficiente y ante el cual el sujeto buscará permanentemente una reparación de ese amor primario. Por otro lado, para Winnicott, el niño enfrentado a exigencias ambientales y a una madre poco empática con las necesidades de su bebé abandonaría su verdadero self para dar lugar a una defensa, la construcción de un falso self el cual, de predominar (todos tenemos cierta “cantidad” de falso self) sería la base de los trastornos graves de la personalidad. Finalmente, Kohut atribuye el origen de este tipo de patología a la ausencia de una cohesión del self (una idea similar a la winnicottiana), producto de una escisión del Yo y fallas en las funciones de integración y síntesis de éste, naturalmente un resultado de faltas y deficiencias en los cuidados maternos. Por el lado de los constitucionalistas, Klein y sus continuadores son los representantes básicos en esta construcción para quienes, como hemos dicho, el acento estará puesto en los factores intrapsíquicos, especialmente la agresividad innata e intensa que echaría a andar mecanismos de defensa de la misma intensidad y naturaleza primitiva (oral, anal, uretral, etc.) para contrarrestar las ansiedades (de tipo esquizo-paranoides) que provoca dicha agresividad innata. Algunos de los mecanismos de defensa serían la disociación, introyección, identificación-proyectiva, negación e idealización. Aspectos a los que uno se enfrentará en la clínica de estos pacientes y que revisaremos a continuación en la forma de transferencia que desarrollan. La transferencia en los pacientes fronterizos será intensa, prematura, predominantemente negativa; organizada de un modo caótica en los primeros momentos y formada de patrones repetitivos. Este tipo de transferencia supera al Yo, en su cualidad de mediador entre los interno y lo externo, no existe una represión (o al menos no se encuentra predominante) lo que ocasiona que sea prematura y que su intensidad no se encuentre velada. Todo esto se debe, ya sea por lo constitucional o lo ambiental (mejor diríamos que debido a ambos), en el sentido dinámico a la imposibilidad del Yo para sintetizar-integrar aspectos del sí mismo y de las relaciones objetales internalizadas; esta incapacidad debida a la intensidad de la agresión pregenital del sujeto (generadora de ansiedad). El sujeto con un trastorno límite de la personalidad realiza una constante huida a la genitalidad, que constituye una condensación patológica en que todas las etapas psicosexuales se encuentran condensadas. Podría apuntalar aparentes intensiones genitales que encubren tras de sí fantasías y contenidos pregenitales; pues la huida a la genitalidad sería precipitada, no totalizante. Toda la transferencia, por lo tanto, será manejada o llevada a cabo por medio de la escisión y de la identificación proyectiva. Siendo estos dos elementos los aspectos fundamentales y constituyentes de la transferencia la estrategia terapéutica irá encaminada a resolver la constelación defensiva (los mecanismos anteriormente mencionados), resolver los aspectos patológicos de la pregenitalidad y genitalidad y romper el circuito vicioso (repetitivo) con el objetivo de fortalecer el Yo. Si se falla en la interpretación de la transferencia, interpretación que debe tener un sentido no genético sino de construcción en presente (aquí y ahora), el paciente recurrirá irremediablemente al acting out no dentro, necesariamente, sino más bien fuera de la sesión. No me queda más que decir al haber cumplido con las dos revisiones que se proponía este ensayo que ,aunque breve, puede considerarse un referente, no un trabajo de profundidad pero sí un trabajo que pretende dar una idea generalizada de este tipo de pacientes. REFERENICAS BIBLIOGRÁFICAS: Kernberg, O. (1987), “Trastornos graves de la personalidad”, Ed. Manual Moderno: México, D.F. Ortíz, Elena. (2011), “La mente en desarrollo: reflexiones sobre la clínica psicoanalítica”, Ed. Paidós: México, D.F.
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Noviembre 2024
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