Por: Hugo Toro. ![]() Conocer el mapa no anticipa lo que se habrá de encontrar en el camino. Cada elemento del psicoanálisis, del psicoanálisis teórico quiero decir, supone a su vez una revelación de un aspecto que tiene un sentido en relación o dirigido a la realidad que intenta abarcar, pero más allá de toda posibilidad no cabe duda que el resto se escapa, porque la complejidad se estructura bajo la consigna de que no todo está ligado y de que en ocasiones las ligaduras que existen son frágiles. En “Deseo y saber en psicoanálisis” (2020) intenté hacer una breve vinculación entre la Teoría del Caos y la comprensión del inconsciente justo para prevenir de los vicios que se impregnan en la práctica que conciben desde cierta dimensión prejuiciada y prejuiciosa la realidad a la que se enfrenta el analista; es peligroso ir viendo el mapa y dejar de ver el camino. En su momento escribí: “Esencialmente, la propuesta de Prigogine que apunta a una cuenta de los sistemas inestables asume que, en realidad, el saber humano alrededor de estos sistemas únicamente puede incorporarse a partir de pronósticos probables y no de leyes determinadas, es así que utilizo su propia tesis para sostener la idea final del presente trabajo: el inconsciente es el sistema inestable por excelente. Los afectos y las pulsiones motores fundamentes del funcionamiento mental se encuentran en constante eclosión y colisión, sus cuerpos se integran y desintegran dándole vida a representaciones mentales de objetos que a su vez permiten la infraestructura del deseo inconsciente, desde ahí las rutas que ha de seguir dicho deseo para incorporarse a la escucha, es decir, para hacerse escuchar, son insospechadas; son las rutas que determinan la prevalencia de realidades ulteriores. […] la probabilidad es parte del trabajo analítico como tal, pues la certeza determina el punto ciego del sesgo de la fantasía de completud a la que el analista está obligado y conminado a renunciar.” (Toro, 2020, p. 154) El sujeto con el que trabaja el analista no es el sujeto del libro; el analista en sí mismo no se encierra en un círculo matemático sin principio ni fin y muchísimo menos en una posición de oráculo o pitonisa que revela el saber que se tiene incluso antes de ser cuestionado; el acceso al saber surge como descubrimiento arqueológico, si bien existe antes de ser revelado es requerido el encuentro para distinguir sus dimensiones y la justa realidad a la que se liga o en la que hace ligadura. Me parece que, con cierto nivel de verdad, es correcto decir que todas las escuelas posfreudianas en la efervescencia de su surgimiento y colocación en el status psicoanalítico se olvidan de los principios freudianos de comprensión y acceso al saber, desencadenando posiciones dogmáticas e ideológicas que superponen al paciente una visión específica a su realidad más plena; no nos asustemos o pensemos que peco de crítico, también eso es parte del proceso histórico de un movimiento: el maestro se idealiza para compensar la falta o la insuficiencia; sin dar cuenta que el maestro para hacer y crear dio cuenta de esa falta y esa insuficiencia, a la que le dio salida no compensando sino realizando. Ahora bien, el sentido que propongo del concepto “Sujeto de la historia”, alude a ese tipo de vicios en los que el analista se encuentra primordialmente ligado a un posicionamiento teórico al que le debe rendición de cuentas, así como el nacionalsocialista debía ver el mundo y verse en el mundo desde un cierto lugar, así los analistas de las diferentes escuelas se sientan desde un sitio para “revelar la historia” hacer sujeto de una historia ya contada. El concepto “Sujeto de la historia” anticipa una realidad que determina el hecho de que el sujeto se liga a una historia que no es la suya, es la historia que le cuentan de sí, un producto prefabricado por la teoría y de la que es muy difícil escapar si es que no se da cuenta de que se encuentra ahí; como todo sistema racional es plausible que cobre un cierto rasgo de legitimidad y de lógica, esto es, “que haga sentido”, pero el sentido no es lo que da la esencia al cambio; el sentido es el primer eslabón de saber que introduce el mito: por puro sentido bien podríamos suponer que la tierra es plana (hace sentido a simple vista), pero hace falta ir más allá no aguardar a la respuesta de primera instancia, sino constatar, eso es apenas el arranque, la apertura que se da con respecto a los otros. En el registro del Sujeto de la Historia, el sujeto es hablado por el Otro, el Otro lo cobija con un manto de significación que lo anula, le hace padecer el sentido de dicha significación que a veces le hace comodidad, el sujeto no se cuestiona y de la no cuestión brotan flores bellas pero estupefacientes. Hace falta una disrupción, la disrupción del síntoma que permita decir la verdad al tiempo que no se dice, es decir, algo debe no funcionar para que se cobre consistencia la verdad no dicha; la disrupción, lo no funcional, del engaño hace emerger una cierta coletilla de la verdad. No olvidemos la apertura de Televisión: “Yo siempre digo la verdad: no toda, porque a decirla, toda no alcanzamos. Decirla toda es imposible, materialmente: las palabras faltan para ello. Incluso por ese imposible de verdad es solitaria de lo real.” (Lacan, 2001, p. 535) No se dice toda la verdad, porque toda la verdad es la cosa-en-sí. Pero del reflejo de la verdad que se instaura en el proceso del decir equivocado, es decir, de la equivocación o, mejor, del equívoco es de donde surgirán las relaciones trascendentales con un determinado hacer, un determinado movimiento que ejecute el segundo registro: la historia del sujeto. En este segundo lugar, el sujeto da cuenta y la historia le pertenece; da cuenta siempre que haya un analista dispuesto a escuchar y menos dispuesto a hacerse escuchar. Como bien señala Hornstein (2016, p. 181): “Las depresiones” (2016, p. 181): “Ante un consultante, postulamos que es necesario para él que se torne pensable esa causa (su propia historia) a fin de poder generar un proyecto. Para ello es preciso que invista narcisísticamente su actualidad, pero también el tiempo futuro, valorizando su cambio, su alternación, ya que, a diferencia de un sujeto caracteropatizado, un sujeto en devenir sólo puede persistir tornándose otro, aceptando descubrirse distinto del que era y del que “debe devenir”.” El sujeto debe dar cuenta de su propia historia y no de la historia que lo cuenta para hacer su proyecto. El sujeto de la historia repite, la historia del sujeto rompe la cadena de la repetición. Siguiendo el esquema introducido hasta este momento me remito a otra cita del Dr. Luis Hornstein en el mismo texto (2016, p. 182): “Historizar la repetición es hacer, de la repetición, un recuerdo. Recordar desactualiza el pasado al temporalizarlo. Convertir la historia en pasado permite un futuro que no será pura repetición sino que aportará la diferencia.” En la repetición no hay tiempo porque no hay posibilidad de hacer, la repetición es un círculo perfecto e infinito que no da posibilidad de que transcurra el tiempo; la historia del sujeto solo se construye cuando este último se erige en posibilidad, toma la pluma de su historia para hacerla no para que le sea contada o dictada. La repetición es prisión de quien no hace eco de su propia vida, es lo atemorizante, lo ominoso, de la repetición; la repetición causa cierta manifestación de zozobra, inquieta en sus confines porque declara la ausencia y la clausura, solo toleramos círculos incompletos. La repetición desborda la no transicionalidad a la que aludía Winnicott, instala un nuevo espacio donde no hay lugar, donde no hay tiempo y por lo tanto experiencia subjetiva. Se es, pero no se instala la noción de ser y mucho menos de saber. La diferencia está en lo que puede el proceso analítico proveer para que la historia sea del sujeto; para que en el encuentro con el analista se vaya conceptualizando una serie de eslabones que vayan haciendo fructificar, echar a andar la cadena de eventos, viviendo el presente pero esperando el siguiente tramo en el futuro. Hacer historia no es dejar el pasado y dar vuelta a la página, es poseer la noción de que la página forma parte del conjunto del libro y sin ella se estaría incompleto, aunque por ahora ya hayamos avanzado de capítulo. Comento en el libro que anteriormente cité: “Finalmente, ante todo, el analista es una escucha, un vertedero donde puede desplegarse el desorden para luego rearmarlo y reordenarlo a la luz de una lectura que será provisoria en lo que el analizante hace suya la experiencia analítica y sus implicaciones. Quedará en él la ruta final y sus caminos, abiertos siempre. Y sin embargo, no por eso no habrá método, que se estudie un sistema inestable , caótico, como dirá Prigogine, no quiere decir que el método sea igual de inestable (…)” (Toro, 2020, p. 156) En esa apropiación de la experiencia analítica surge, eventualmente el Sujeto historizante, el sujeto capaz de hacer su historia, reescribirla y dar cuenta de ella, desde un presente vivo que no se queda en la resequedad de la nostalgia respecto al pasado que fue, y con los pies firmes para andar por las veredas que se despliegan en un futuro posible. Por supuesto que no es un sitio al que se llega o un nivel que se alcance, es un registro, una forma de registrar, un formulario que imprime la cosa para darle secuencia; digamos que el sujeto historizante no dejará de ser sujeto de la historia, ni de pasar por cierta historia del sujeto, seguirá la preconcepción, la experiencia y la concepción. O, como diría Hegel habría tres historias: historia original, historia reflexiva y la filosofía de la historia o historia filosófica. Cada una de ellas con sus funciones que van en direcciones distintas y en las que el sujeto se vuelve un flujo continuo que atraviesa diversos estados o lugares específicos que le aportan nuevas condiciones. Uno nace siendo Sujeto de la Historia, pasa a ser o hacer Historia del sujeto y se convierte en Sujeto Historizante por diversas vías y caminos; ya sea que se dé por una relación amorosa, por el proceso artístico, por el análisis o por lo que fuera el asunto es no parar de pasar, como pasa el tiempo…
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Noviembre 2024
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